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Un místico revolucionario

Adyashanti es para mí uno de los grandes referentes de la espiritualidad de nuestros tiempos. Un gran maestro dotado de una claridad, oratoria, cercanía y profundidad que no hubiera creído posibles en el reino humano hasta hace unos años. Todo su trabajo está dedicado al despertar espiritual. Proviene de la tradición zen pero cuando habla, habla de un mensaje universal. Este es el caso del libro que presento en esta reseña, en el que hace una lectura de la figura de Jesús de Nazaret desde el punto de vista del despertar espiritual.

Cuando lo eterno y lo humano se encuentran, ahí es donde el amor nace, no a través de escapar de nuestra humanidad o tratar de desaparecer en la trascendencia, sino a través de encontrar ese lugar donde ambas entran en comunión.*

He leído este libro (en inglés únicamente por ahora) varias veces desde que lo compré hace unos años. Lo retomé durante la cuarentena del COVID. Y ahora, acercándose la Navidad, he participado en un curso online donde el autor reflexiona sobre él y responde dudas de lectores. A pesar de conocer ya el texto, me ha aportado muchísimo. Es increíble el poder de algunos fragmentos que parecen tener el poder de llevarte una y otra vez a un lugar más claro y profundo dentro de tí.

En mi caso, estoy muy familiarizada con la historia y figura de Jesús desde la infancia y eso trae una calidez especial a este nuevo mensaje en la antigua historia. Adyashanti insiste en que la clave es encontrarse con el texto despojado de lo que ya conoces de él, leerlo como si fuera nuevo, descubrir la asombrosa historia que cuenta y encontrarte con los personajes en primera persona, como cuando lees una novela que te atrapa. Descubrir que Jesús, no es probablemente el Jesús del que nos habían hablado. Contemplación, trascendencia, devoción y humanidad se hacen uno en este texto.

“Jesús cruzó todas las fronteras que separaban a la gente de su tiempo porque él vió el mundo desde la perspectiva de lo que nos une, no de lo que nos separa. En Resucitar a Jesús, Adya se embarca en una reconsideración fascinante del hombre conocido como Jesús, examinando su vida desde el nacimiento hasta la Resurrección para revelar un modelo atemporal de despertar y un compromiso iluminado con el mundo. A través de una consideración detallada de las figuras arquetípicas y de los eventos de los Evangelios, Adya hace un llamado a vivir el Cristo de un modo que es único para cada uno de nosotros”.*
* Fragmentos traducidos de la contraportada.

¿De qué trata?
En una primera parte, Adya cuenta su conexión con Jesús, algunos recuerdos de la infancia como cuando en una misa puntual fue a comulgar sin saber que eso no era adecuado para alguien recién llegado; o de un poco más mayor, cuando se enamoró literalmente de la santa Teresa de Lisieux.

Habla de las distintas versiones de Jesús que narran las historias (tanto los textos oficiales como los descubiertos más tardíamente o no reconocidos por la Iglesia) -según los puntos de vista de quienes las escriben- y expone que los hechos nos sirven para contemplar sobre ellos, poco importa tomarla como una historia real o como un mito.

El poder está ahí, en cada uno de los pasajes, donde toda la historia y personajes parecen entretejer un mapa perfecto del proceso de despertar espiritual. Donde cada personaje parece representar una de nuestras facetas y donde cada escena parece hablarnos de una parte del proceso de nuestro despertar espiritual. La clave es leer la historia en primera persona y hacer que la historia cobre vida en tí al leerla.

En la segunda parte, repasa ciertos pasajes de la Biblia. Momentos como el nacimiento y bautismo, o la última cena y la crucifixión (¿qué significa simbólicamente, qué nos quieren decir?); las pruebas y tribulaciones (¿qué representan en el camino espiritual, no solo de Jesús, sino de cada un@?), o los milagros (¿qué significado tienen, qué quiere transmitir con ellos?), o pasajes tan enigmáticos como la transfiguración o la resurrección (¿qué momentos clave están reflejados aquí en el proceso de reconocer y hacerse un@ con la Consciencia que trasciendente la materia?).

En la tercera parte, discípulos de lo eterno, habla de los personajes que aparecen en la historia y nos invita a verlos desde un punto de vista muy humano, y nos invita a reconocernos en ell@s. Tod@s tenemos a Pedro dentro (ese que es muy bravucón), o a Magdalena (esa que ama demasiado), a Juan (el que sabe ponerse en la actitud adecuada cuando reconoce lo divino) o a Judas (el que se rebota contra quien ama porque las cosas no van como él quiere) o a Pilatos (el que aún viendo parte de la verdad, se deja llevar por su necesidad de “mantener el orden”).

Y para acabar el libro, Adya diferencia a Jesús, el humano, de Cristo, la Presencia; y nos invita a vivir el Ser divino dentro de cada un@.

¿Qué aporta?
Una visión muy especial y poco frecuente de la historia de la vida de Jesús. Sin meterse en absoluto en defender si es verídica o no, sin entrar en debates teológicos ni religiosos. Es pura inspiración, respeto, admiración de este, como él llama, el espíritu de un místico revolucionario.

Aporta además ese mapa del despertar, esa colección de contemplaciones que tan bien nos reflejan. Como la historia de Legión, quien podría ser el loco del pueblo, que acude a Jesús y le dice, Mi nombre es Legión, porque somos muchos; reflejando las muchas voces de su cabeza. La historia acaba con Jesús no solo sanándole, sino dándole la liberación espiritual. O la historia de María, siendo la primera testigo de la Resurrección, cuando acude a la tumba de Jesús y se encuentra a una figura luminosa que al principio no reconoce y este le pide: no te apegues a mi forma.

¿Qué vínculo tiene esto con el Yoga?
Aunque el Yoga se conoce en Occidente hoy día casi exclusivamente como una práctica corporal o mental, la meta última de l@s yoguis/nis es el autoconocimiento, la iluminación, la trascendencia e incorporar esa sabiduría y amor en el día a día. Aunque en la India se haya desarrollado mucho la tecnología del camino espiritual, ha habido sabi@s y referentes auténtic@s en todos los tiempos y en todos los lugares. Desde mi punto de vista y aunque no siempre nos haya llegado así su historia y reflejo a través de la cultura, Jesús es uno de ellos.

Me hace recordar a varias historia de Krishna Das, de quien ya he hablado en este blog, cuando en los años 60 dejó su vida en Estados Unidos para ir a la India en busca de iluminación. Y cuando preguntan a su maestro, Neem Karoli Baba: ¿cómo meditar? y este responde: medita como Cristo, no podía estar más desconcertado. Después trataron de averiguar, ¿y cómo meditó Cristo? Y Neem Karoli se sentó con los ojos cerrados y en silencio por unos momentos… le cayó una lágrima por la mejilla… y les dijo: se perdió a sí mismo en amor. O cuando les dice que: el dios hindú Hanuman y Cristo son lo mismo.

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