Inspiraciones, Meditación, Espiritualidad, Teoría del Yoga

Nada es tan importante: Diarios de Yoga 2

En esta sección del blog comparto algunas reflexiones impactantes de mi camino espiritual. Hoy quiero contaros lo que me ocurrió al salir de mi primer retiro de meditación. Espero que os sirva.

En 2009 participé en mi primer retiro de meditación Vipassana. 10 días de práctica intensa, muchas horas al día sentada en silencio.

Cuando llegué, tenía algunas dudas sobre mi vida que, sinceramente, esperaba resolver allí. Confiaba en que ese tiempo de meditación ordenaría profundamente mi mente y traería claridad sobre cuáles eran las mejores decisiones para ese momento.

Los días del retiro fueron agradables para mi, aunque también algo duros. La disciplina que se nos pedía cumplir ayudaba a no tener que preocuparse de otras cosas, pero a la vez no había ninguna distracción posible y yo no estaba acostumbrada a eso.

Los primeros días consisten en entender la técnica de meditación Vipassana y en ponerla en práctica paso a paso. El cuarto día ya teníamos todas las claves y podíamos hacer la práctica completa. Así que se nos ofreció una meditación guiada más larga de lo habitual y para mi fue muy potente. Tanto, que sentí que mi mundo se deshacía internamente y no entendía bien porqué, pero lloré un buen rato. Y sentí que ese debía de ser el final del retiro y pensé que la experiencia debía de haber sido igual de potente para todo el mundo. Y que ahora nos iban a decir: «bien, ya está, os dijimos que eran 10 días para que estuvierais relajados pero con 4 ha sido suficiente». Pero no, parece que el día 5, el día 6, el día 7, etc. seguían igual, con prácticas diarias de muchas horas en las que yo no conseguí volver a concentrarme… pero no pregunté nada ni le comenté a nadie estas impresiones.

Había oportunidad de hacer preguntas a l@s tutores del curso, pero curiosamente, en mi turno pregunté sobre la compatibilidad de esta práctica con los disintos estilos de yoga (eso os lo puedo contar en otro post si os interesa) y no mencioné nada de mi experiencia interna. Así que ahí quedo eso… sin entender muy bien qué había pasado.

Pero algo empezó a cambiar internamente, fruto de esa experiencia. Y estoy segura de que incluso los días posteriores al cuarto, en los que me sentaba durante horas y trataba de seguir la práctica sin tanto éxito… también sirvieron.

Lo que os quiero contar ahora es lo que me parece más relevante de todo el proceso. Al salir del retiro el décimo día, tenía una sensación muy clara con respecto a mis preguntas, a todas esas dudas que esperaba haber podido aclarar sobre mi vida en esos días. Y es que no tenía respuestas, es que seguía sin saber cuáles eran las mejores decisiones, es que la meditación no me había aportado la información que esperaba, pero que no me importaba. Me trajo algo mucho más valioso, la tranquilidad y la claridad de saber que ninguna de esas preguntas mías, ninguno de esos pasos y decisiones vitales eran tan importantes. Me trajo la perspectiva de que todo cambia y de que hay una paz interna que no depende de «tener todo resuelto», como a veces nos gustaría.

¿Has tenido alguna experiencia similar? Deja tus comentarios aquí abajo, ¡gracias!

¿Quieres leer más reflexiones como ésta? Puedes encontrar contenidos relacionados en el blog: La mejor práctica no viene de los mejores días: Diarios de Yoga 1.

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