Meditación, Espiritualidad, Reflexiones y truquillos, Teoría del Yoga

¿Y si la vida es más sabia y amable de lo que pensamos?

Invito a tomar esta pregunta como una hipótesis, como una contemplación. No quiero que la asumamos sin ponerla a prueba, puesto que fácilmente podríamos descartarla por sonar un tanto ingenua. O al revés, podríamos asumirla con todas nuestras fuerzas porque queremos creer que así es pero que eso nos lleve a negar nuestras propias emociones y procesos humanos. Veamos varios casos, algunos superficiales y otros más graves…

  1. Estoy súper concentrada haciendo algo y viene alguien y «me interrumpe». Acepto el reto de ver qué quiere esa persona, aún recordando mis quehaceres, decido darle un poquito de tiempo. Me relajo hablando con ella y resulta tener una solución increíble para el problema que yo trataba de resolver hacía un rato.
  2. Salgo de casa con prisa y en el portal me doy cuenta de que me he olvidado algo. Puedo elegir subir a por ello o ir hasta mi destino sin el objeto en cuestión. Decido subir, aunque me da pereza y voy con el tiempo algo justo. En el camino recibo un mensaje, la reunión se ha aplazado. U otro caso similar, me había dejado algo más importante de lo que en mi cabeza pensaba que iba a buscar (por ejemplo pienso que subo a por los pendientes pero a su lado encuentro el móvil).
  3. Otro caso algo más dramático: se rompe una relación de pareja, echas de menos su compañía pero, al cabo de un tiempo te das cuenta de que te has puesto a hacer cosas que te gustan mucho y que nunca hacías cuando estabas a su lado.
  4. No tienes dinero suficiente para hacer lo que quieres, pero en la limitación encuentras la belleza de las cosas que sí puedes hacer, te abres a recibir ayuda, revisas si estabas yendo en la dirección que querías…
  5. Te encuentras con una enfermedad que te hace frenar tu ritmo de vida, pero encuentras el valor de lo más sencillo, de lo más silencioso, el desapego hacia todo lo que antes creías imprescindible y tal vez unas ganas renovadas de amar y compartir o reconectas con una humildad y empatía hacia otros seres antes olvidada en una carrera de sobreexigencias.

Y la verdad es que, aunque elijamos quedarnos en la vida más controlada y agradable posible, siempre hay momentos que no controlamos. La única diferencia es que a veces «nos rendimos» a lidiar con ellos de la mejor manera posible. A veces por Gracia espontánea, otras veces por elección y práctica voluntaria, elegimos ver el aprendizaje de la situación presente, a tomarla como una oportunidad, a preguntarnos, ¿qué regalo puede haber encerrado en este paquete amargo o inesperado?

El maestro Adyashanti propone un ejercicio de imaginación. Da igual que creas o no en la reencarnación, pero imagina un escenario en el que el viaje de tu alma sea mayor que el de este cuerpo y mente que ahora conoces y habitas. Nos invita a imaginar que antes de encarnar, elegimos las circunstancias (todas ellas, también las dolorosas) que mejor nos lleven a evolucionar espiritualmente, a aprender lo que hemos venido a aprender. Y es a través de estas «pruebas» como encontramos la verdad mayor que nuestro alma anhela.

Esto no es en ningún caso una invitación a negar nuestras emociones y las necesidades que sentimos, sino a encontrarnos con ellas, abrirnos a sentirlas y ofrecerles nuestra Presencia, sin castigarlas, sin meterles prisa, sin sacar conclusiones. Posiblemente ellas no son un obstáculo que hemos de saltar, sino una puerta que hemos de atravesar con la fortaleza que da el verdadero conocimiento de un@ mism@.

Mientras que habitualmente nos involucramos con pensamientos egoicos que añaden capas de opacidad y frustración, y le añaden muchísimo sufrimiento a nuestra experiencia. Cada vez que fomentamos un hilo mental del tipo «esto no es justo», «por qué me pasa esto a mi», «yo no merezco esto», «esto no debería haber ocurrido», «es demasiado», «yo no puedo», etc. nos estamos añadiendo una pesada carga sobre las espaldas. Y nos estamos dificultando ver más allá.

¿Y si la vida tiene un plan mejor para mí que el que yo me imagino ahora mismo?, ¿y si con mis ideas me estaba limitando de posibilidades que tenían que llegar? La vida puede ser totalmente diferente a nuestros ojos.

UN EJERCICIO PARA EL FUTURO

Por eso, nos invito a tomar esta actitud como ejercicio, a intentar estar abiert@s la próxima vez que la vida no vaya como queramos. A veces no nos trae algo mejor aparentemente, pero nos trae algo mejor profundamente, nos enseña a querernos mucho más, a ser más fuertes, a soltar viejas formas de ver las cosas, a ser pacientes o a movernos por lo que queremos desde una fuerza interna nueva.

¿Tienes alguna experiencia sobre esto que quieras compartir? Puedes hacerlo en la sección de comentarios.

UN EJERCICIO CON EL PASADO

También podemos echar la mirada atrás y revisar momentos malos que hemos atravesado y recordar como no veíamos salida a ellos. Tal vez no les hubiésemos elegido, pero una vez que han pasado, ¿puedes ver alguna cosa buena que has sacado de ellos?

Espero que sí. Cada vez que pongo a prueba cualquiera de los dos ejercicios mi confianza crece más y más en que la vida sí, a veces es dura, pero tal vez dura como una madre que le impide a su hij@ jugar con fuego para que no se queme. La criatura se siente limitada y tal vez se enfada, pero es posible que luego vea que esa aparente limitación le fue útil. Y, en cualquier caso, cada un@ tiene su propio viaje interno y si lo analizamos bien, posiblemente estemos buscando crecer en cualidades espirituales y humanas que no siempre crecen en tiempos fáciles.

«La vida es mucho más sabia y amable que lo que tu mente imagina. Confía y estate seren@». Mooji

Créditos de la imagen destacada: Jill Wellington en Pixabay.

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