Testimonios

Después de pasar por distintos profesores de yoga, con Ana conseguí acercarme a esta práctica a partir de un respecto hacia el propio ritmo del cuerpo y a partir de un diálogo íntimo con él. Sus indicaciones de extrema suavidad y su manera de arropar cualquier estímulo entorpecedor para la práctica son una enseñanza que, más allá del yoga, se trasladan al día a día.

Bàrbara Raubert

Asisto pocas veces a las clases de Ana (por un tema de mis horarios/logística familiar) pero las veces que lo he podido hacer he disfrutado de muy buen ambiente, gran profesionalidad y una energía muy positiva de la profe que me hace sentir protagonista de mi propio proceso corporal, al mismo tiempo que sigo sus propuestas, muy acertadas y siempre respetuosas. Gracias.

Milanka Ljubojevic

Me apunté a hacer yoga originalmente para corregir la postura y, con Ana, no solo acerté de pleno, sino que descubrí un gusto por el yoga que iba más allá de la simple practicidad. Ana explica y muestra con mucho detalle y cariño; poniendo énfasis en pequeños detalles (mentales, posturales, de respiración) que no se explican en otro tipo de clases. He ido a otros sitios y nunca tan bien como con ella.

Naoise Golden

Mi experiencia en las clases de yoga con Ana Perea es básica para mi bienestar. Es una práctica que me aporta momentos de estar conmigo de una forma muy saludable. Ana acompaña de forma respetuosa, adaptándose a las características personales y se convierte en un espacio absolutamente imprescindible para mi. Gracias Ana por tu sabiduría y empatía.

Carme Nonell


Hace cuatro años descubrí la práctica de yoga gracias a Ana. Desde el primer momento sentí que formar parte de sus clases era un placer ya que todo lo que ella transmite propicia un ambiente de calma pero a la vez de motivación individual, haciéndonos sentir a cada uno de nosotros que podemos adaptar individualmente la práctica, independientemente de nuestra edad o de nuestra condición física, creando un ambiente distendido, alegre y divertido pero a la vez “trabajador”. Consigue que durante los minutos que dura la clase no pensemos en nada más que en el momento presente, evadiéndonos de las obligaciones y/o preocupaciones.

Isabel Vives